Cali en ruinas: terremoto de 7.4 deja muertos y desplazados
El sismo del 18 de agosto de 2026, con magnitud 7.4, transformó el paisaje de la ciudad colombiana, dejando más de 132 muertos y miles de damnificados.
La ciudad de Cali, en el occidente colombiano, enfrenta una tragedia de proporciones devastadoras tras el terremoto de magnitud 7.4 que la golpeó el 18 de agosto de 2026. El sismo, que supera el simple registro en los sismógrafos, desencadenó una emergencia humanitaria con más de 132 muertos en la capital vallecaucana y un número creciente de desplazados.
Búsqueda de supervivientes entre los escombros
Los equipos de rescate concentran sus esfuerzos en cuatro puntos críticos, donde 19 personas permanecen sepultadas bajo pesadas losas de concreto. En el complejo residencial Torres del Limonar, en el sur de la ciudad, el silencio solo es interrumpido por el sonido de cinceladoras, maquinaria pesada y perros de rescate. Una escena similar se repite en las cercanías de la Plaza de Toros, en el barrio Cuarto de Legua, también en el sur, donde la remoción de escombros en el edificio Ana Pilar se realiza con extrema cautela para evitar nuevos derrumbes.
En el barrio Los Cámbulos, grúas intentan remover las densas capas de cemento del edificio Vanessa, cuya estructura colapsó sobre un área contigua. Otro epicentro de los trabajos de rescate es el Hospital Universitario del Valle (HUV), donde hay una búsqueda desesperada por José Guillermo Roncancio, un paciente internado hace 36 días, y su esposa, Nancy López. En el mismo lugar, familiares de Héctor Fabio Sánchez esperan noticias de su esposa y su hijo de 17 años, atrapados tras el derrumbe de una de las alas de la edificación.
Relatos de milagro y pérdida total
A pocos kilómetros del HUV, la tragedia también reveló un milagro para la familia de un taxista. Jhon González, de 44 años, presenció el desmoronamiento de su apartamento en el cuarto piso de un edificio de cinco pisos, ubicado frente al coliseo de hockey Miguel Calero, en las Canchas Panamericanas. Minutos antes del desastre, había salido a buscar el taxi que conduce para su sustento diario.
Al sentir el suelo temblar “como un oleaje violento”, su primer pensamiento fue su familia. Desafiando el colapso inminente, logró subir las escaleras hasta el cuarto piso. Encontró a su esposa y a su hijo de 18 años paralizados por el pánico. “La tierra se movía de un lado a otro con un vaivén tenebroso, como si fuera de papel. Sentí que el mundo se abría en dos, pero el instinto me empujó hacia adentro. Tenía que sacar a mi esposa y a mi muchacho”, relató González, con la voz entrecortada. Los arrastró hacia la salida en una carrera contra el tiempo. “Pusimos un pie en el andén de la calle 9. La edificación entera se vino abajo detrás de nosotros”, explicó, describiendo un ruido ensordecedor y una nube de polvo. “Estamos vivos de milagro”, confesó, mirando los escombros de su hogar.
El edificio albergaba dos familias, una iglesia y una floristería. González lo perdió todo: “Toda mi vida se quedó ahí”, afirmó, mientras se hospeda en una casa con la ayuda de vecinos. “Tuve pérdida total de todo, todo como se aprecia aquí”, reiteró el taxista.
Aumento del desplazamiento y nuevos riesgos
Mientras la ciudad remueve la memoria material de Cali, un nuevo fenómeno de desplazamiento urbano se extiende por los barrios. Inicialmente, el sur de la ciudad fue la zona más afectada, con el colapso de 46 edificaciones en los barrios Capri, Cuarto de Legua, Tequendama, Nueva Tequendama y San Fernando. Sin embargo, el mapa de riesgo se ha extendido notablemente.
Decenas de familias se vieron obligadas a evacuar sus casas y apartamentos en sectores del este y norte de la ciudad, áreas que inicialmente se creían seguras. Grietas en las fachadas y daños estructurales profundos obligaron a los residentes a abandonar sus viviendas. Lina Silva y sus tres hijas salieron del barrio Chiminangos porque su apartamento en el quinto piso está inhabitable. Yurley Quiñónez y sus cuatro hijos pequeños no pueden regresar a su casa en el asentamiento Villa Luz. Mercedes Jiménez mostró los daños en su apartamento en el edificio Los Guaduales, en el noreste de Cali, y su inquilino también busca dónde vivir.
En el norte, entre las avenidas 3N y 4N con calles 34 y 52, en los barrios La Flora y San Vicente, al menos cuatro edificios fueron evacuados debido a riesgos estructurales. En el edificio de cinco pisos en la calle 34 Norte con avenida 2BIS, residentes de nueve apartamentos esperan el concepto de un ingeniero particular y la visita de profesionales de la Alcaldía de Cali. “Acá tuvimos que desalojar porque el edificio se quedó sin paredes. Estamos en casa de familiares, por fortuna”, dijo el publicista Rubén Valentierra, frente a la estructura averiada de lo que fue el conjunto de apartamentos Gracias a Dios, en el sur de Cali. “Estamos pendientes de lo que nos informe la Alcaldía sobre qué pasará con nuestros apartamentos y a dónde iremos de aquí en adelante”, manifestó, en medio de la incertidumbre.
En el distrito de Aguablanca, en el barrio Poblado II, donde el edificio de cuatro pisos de la Notaría 20 se derrumbó completamente, surgió un llamado de auxilio a las autoridades. Una persona que trabajaba en una fábrica de fajas moldeadoras en la calle 72W, número 28B106, relató que el edificio quedó muy dañado y está inclinado. “Necesitamos que por favor nos ayuden a difundir el video, porque necesitamos que llegue Defensa civil o los Bomberos o alguien que nos ayude porque la casa está a punto de caerse y queremos evitar una tragedia más grande. Necesitamos ayuda, ayuda del gobierno, de la alcaldía, del señor alcalde”, añadió la mujer.
Balance de los daños estructurales
Datos recientes de la Alcaldía indican 4.373 informes de ciudadanos procesados por infraestructura en mal estado. El balance muestra 126 edificaciones verificadas con colapso parcial y 182 con daños estructurales, tras inspección. Este escenario se suma a los 46 edificios que se derrumbaron completamente en el sur de la capital vallecaucana. Cali se divide entre el luto por los que se fueron, la angustia de las familias que esperan un milagro en las ruinas del HUV, Los Cámbulos, Limonar y Cuarto de Legua, y el desamparo de aquellos que, habiendo sobrevivido al sismo, buscan refugio en las Canchas Panamericanas. El terremoto ya pasó, pero sus réplicas sociales apenas comienzan a sentirse.
Con información de El Tiempo.
Fuente: El Tiempo