La aversión a los insectos en la dieta humana podría tener 9 mil años, revela investigación
Estudios con dientes antiguos y ADN humano desvelan la sorprendente historia del consumo de insectos por Neandertales y humanos modernos.
Una investigación innovadora, que se sumergió en dientes antiguos y en el ADN humano, está desvelando una historia sorprendente y compleja sobre el consumo de insectos por la humanidad. Los resultados sugieren que la aversión a comer insectos, un rasgo común en muchas culturas modernas, podría tener un origen ancestral, datando de hace unos 9.000 años.
Los estudios revelan patrones distintos de hábitos alimentarios entre diferentes grupos humanos del pasado. Se observa que los humanos modernos que habitaron Eurasia septentrional consumían insectos de manera solo ocasional. Esta práctica alimentaria contrasta significativamente con la dieta de los Neandertales, quienes, según la investigación, pudieron haber incluido insectos en su alimentación con mucha mayor regularidad. Esta diferencia sugiere variaciones importantes en las estrategias de subsistencia y en la disponibilidad de recursos alimentarios entre estas poblaciones ancestrales.
Además de la evidencia arqueológica y genética que indica estos patrones de consumo, la investigación también destacó una fascinante adaptación biológica. Poblaciones que vivieron en regiones cercanas a los trópicos, por ejemplo, mantuvieron en su patrimonio genético la presencia de genes que facilitan la digestión de los exoesqueletos de insectos. La persistencia de estos genes en estas áreas geográficas específicas sugiere una larga y continua relación con el consumo de insectos como parte integral de la dieta, indicando una adaptación evolutiva para aprovechar esta fuente de alimento.
El análisis minucioso de dientes antiguos y del ADN humano, por lo tanto, no solo ilumina aspectos poco conocidos de la historia alimentaria humana, sino que también ofrece una nueva perspectiva sobre la diversidad de las dietas de nuestros antepasados. Demuestra cómo la alimentación varió no solo entre especies humanas distintas, como Neandertales y humanos modernos, sino también geográficamente, con adaptaciones genéticas que reflejan la disponibilidad y la importancia de ciertas fuentes de alimento en diferentes entornos. Esta revelación contribuye a una comprensión más completa de la evolución de la dieta humana y de las interacciones entre cultura, biología y ambiente a lo largo de milenios.
Con información de ScienceDaily.
Fuente: ScienceDaily