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BRICS: ¿qué es el bloque, cómo funciona y por qué importa para Brasil

De acrónimo de banco de inversiones a grupo en expansión: la historia del bloque, sus instituciones y qué cambia en el comercio y la diplomacia del país

Daniele Morais
31 de julio de 2026 · 6 min de lectura
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BRICS: ¿qué es el bloque, cómo funciona y por qué importa para Brasil
Foto: "International Flag of Planet Earth Budassi version" by Pablo Carlos Budassi is marked with CC0 1.0. To view the terms, visit https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/deed

Cuando el tema es el orden económico mundial, pocas siglas han crecido tanto en importancia — y han generado tanta confusión — como BRICS. Lo que comenzó como un acrónimo inventado por un banco de inversiones para describir economías emergentes prometedoras se convirtió en un bloque político de verdad, con cumbres anuales, banco propio y ambición declarada de reequilibrar el poder global. Para Brasil, miembro fundador, el grupo es hoy una de las principales plataformas de actuación internacional. Entender qué son los BRICS — y, igualmente importante, qué no son — ayuda a comprender desde el precio de la soja hasta los rumbo de la diplomacia brasileña.

De tesis de inversión a bloque político

La sigla nació en 2001, cuando el economista británico Jim O'Neill, entonces en el banco Goldman Sachs, publicó un estudio que señalaba que Brasil, Rusia, India y China — el BRIC original — tendían a ganar peso creciente en la economía mundial en las décadas siguientes. Era una tesis para orientar a los inversores, no un proyecto diplomático. La idea, sin embargo, fue apropiada por los propios países: los cancilleres pasaron a reunirse, y en 2009 los líderes realizaron la primera cumbre, en la ciudad rusa de Ekaterimburgo. En 2011, Sudáfrica se unió al grupo, agregando la S que completó el nombre actual.

El contexto explica el apetito: la crisis financiera global de 2008 había sacudido la confianza en el liderazgo económico de los países ricos, y los emergentes querían voz proporcional a su nuevo peso — sobre todo en instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, dominadas desde su fundación por Estados Unidos y Europa.

¿Qué es el bloque — y qué no es?

Es común comparar los BRICS con la Unión Europea o la OTAN. La comparación no se sostiene. El grupo:

  • No es alianza militar: no hay cláusula de defensa mutua ni mando o ejércitos integrados;
  • No es mercado común: no existe libre circulación de bienes y personas, tarifa externa común ni moneda única;
  • No tiene tratado constitutivo ni sede fija: funciona como foro de coordinación, con presidencia rotativa y decisiones tomadas por consenso.

En la práctica, los BRICS son un espacio de concertación política: los países alinean posiciones sobre la reforma de las instituciones internacionales, comercio, financiamiento al desarrollo y, cada vez más, temas como energía, tecnología y clima. La fuerza del grupo viene menos de reglas y más de números — juntos, los miembros responden por una parte expresiva de la población, el territorio y la economía del planeta.

Las instituciones que salieron del papel

El paso más concreto de la historia del bloque vino con la creación de estructuras financieras propias. El Nuevo Banco de Desarrollo, conocido como banco de los BRICS, tiene sede en Shanghái y financia proyectos de infraestructura y desarrollo sostenible en los países miembros — carreteras, saneamiento, energía renovable. La institución ya fue presidida por brasileños, entre ellos la ex presidenta Dilma Rousseff, señal del peso del país en la estructura. Una innovación relevante del banco es la disposición de prestar en monedas locales, reduciendo la dependencia del dólar en los financiamientos.

Completan el arreglo mecanismos de protección mutua contra crisis cambiarias, por los cuales los países se comprometen a socorrer unos a otros en episodios de presión sobre sus monedas — una especie de red de seguridad alternativa, inspirada en el papel que el FMI ejerce tradicionalmente.

La expansión: de cinco a un club bien mayor

En los últimos años, el bloque vivió su transformación más visible: la ampliación. Países como Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes Unidos e Indonesia pasaron a integrar el grupo, y una lista de países asociados orbita las cumbres. Con la expansión, los BRICS pasaron a representar más del 40% de la población mundial y una parte creciente de la economía global, con peso especial en el sector de energía — el grupo reúne, al mismo tiempo, grandes productores y grandes consumidores de petróleo y gas.

La ampliación, sin embargo, tiene precio. Cuanto más miembros, más difícil el consenso — y más heterogéneo el grupo, que reúne democracias y regímenes autoritarios, aliados y rivales históricos, como India y China, que mantienen antiguas disputas de frontera en el Himalaya.

¿Por qué los BRICS importan para Brasil?

Para Brasil, el grupo tiene valor en al menos cuatro frentes:

  1. Comercio: China es, de lejos, el mayor socio comercial de Brasil desde hace más de una década. Soja, mineral de hierro, petróleo y carne lideran la pauta de exportaciones; en sentido contrario, llegan manufacturas, electrónicos e insumos industriales. Lo que sucede en la economía china afecta directamente al agronegocio, la minería y el tipo de cambio brasileños.
  2. Financiamiento: el banco de los BRICS es fuente adicional de crédito para infraestructura — área en la que el país tiene carencias crónicas — sin las condicionalidades políticas tradicionales de otras instituciones multilaterales.
  3. Diplomacia: el bloque amplía el poder de negociación brasileño. Hablando en conjunto con otros emergentes, Brasil gana peso al defender la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, reglas de comercio más equilibradas y financiamiento climático para países en desarrollo.
  4. Alternativas monetarias: las discusiones sobre comercio en monedas locales, que reducen costos de conversión al dólar, interesan a exportadores brasileños — aunque la evaluación predominante entre economistas es que el dólar seguirá dominante en el horizonte previsible.

Los límites y las críticas

Hay riesgos en el camino. El principal es que el bloque sea percibido como un proyecto antioccidental — lectura que Brasil históricamente rechaza, ya que mantiene relaciones profundas con Estados Unidos y Europa y no quiere ser obligado a elegir lados. Otra crítica recurrente: el comercio dentro del bloque es fuertemente concentrado en China, lo que reproduce, en escala menor, la asimetría que los propios emergentes critican en el orden global. Y la presencia de países bajo sanciones internacionales añade capas de complejidad a la posición brasileña en cada cumbre.

¿Qué cambia esto en la vida real?

Para el lector, los BRICS no son abstracción diplomática. El apetito chino por soja y mineral sostiene empleos del interior de Mato Grosso a los puertos del Sudeste y influye en la cotización del dólar — que, a su vez, ayuda a definir el precio del pan, del combustible y del celular importado. Financiamientos del banco del bloque pueden convertirse en obra de saneamiento o línea de transmisión de energía en su región. Y la posición de Brasil en las cumbres ayuda a determinar si el país será tratado como coadjuvante o protagonista en las grandes negociaciones internacionales — del clima al comercio.

Los BRICS no reemplazan a la ONU, el FMI o el G20, y tal vez nunca vayan a ser un bloque cohesivo como la Unión Europea. Pero cumplen una función que ningún otro arreglo ofrece a Brasil: una mesa donde los emergentes conversan de igual a igual, sin tutela de las potencias tradicionales. En un mundo en el que el poder económico se desplaza visiblemente hacia Asia, tener asiento cativo — y voz activa — en esta mesa es menos una elección ideológica y más una cuestión de pragmatismo. El desafío permanente de la diplomacia brasileña es extraer del grupo ganancias concretas sin abrir mão de la posición histórica del país: la de quien conversa con todos los lados.

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